Balde de Cangrejos
September 23rd, 2008 by juan | No Comments | Filed in ArticulosDurante una clase de Administración de Proyectos un compañero nos participó del cuento del “balde de cangrejos” mientras nos encontrábamos revisando el tema de la cooperación entre los miembros de un equipo de trabajo. Aquel relato se me quedó grabado en la memoria, y me regresa de tiempo en tiempo al leer ciertos acontecimientos de nuestra comunidad, y, no se diga, de nuestros países de origen.
El escenario es un mercado de víveres, muy similar al que encontramos en la calle Spadina durante un fin de semana. En uno de los puestos se vende cangrejos; pero como el mercado es multicultural hay variedad en el producto, por tanto se venden tres variedades, procedentes de tres distintos lugares del planeta.
Cada grupo de cangrejos se encuentra dentro de su respectivo balde metálico, de similar diámetro y altura. Curiosamente, los tres baldes son distintos en su parte superior. El primer balde contiene cangrejos asiáticos; y en su parte superior tiene una tapa con un candado perfectamente cerrado. El segundo balde contiene cangrejos norteamericanos; en su parte superior tiene una tapa pero esta vez sin candado. El tercer balde contiene cangrejos suramericanos; y en su parte superior no hay tapa, permanece completamente abierto.
Pasa un niño frente a aquel puesto y con su inocente curiosidad le pregunta al vendedor el porqué la diferencia entre los baldes. El dependiente con mucha paciencia le explicó la razón:
“Los tres grupos de cangrejos son muy similares en cuanto a su número, tamaño, y edad, no así en el comportamiento. Un día un cangrejo asiático logró encaramarse sobre los otros y acto seguido los demás se organizaron para ayudarlo a alcanzar el borde del balde, luego éste ayudó a los otros jalándolos de uno en uno hasta alcanzar el borde, y finalmente escapar. Es por eso que tengo que usar una tapa y asegurarla con candado para que no se escapen.
El comportamiento de los cangrejos norteamericanos fue muy similar, con la única diferencia que, si se daban cuenta que los estaban vigilando, no se escapaban. Por eso solo necesité de una simple tapa, sin seguro. En cuanto un cangrejo alcanzaba el borde y notaba que el cuidador lo estaba observando enseguida se ocultaba. De ahí que no haya necesidad del candado, pero sí de la tapa.
Con los cangrejos suramericanos no tengo problemas, dice el dependiente, ya que apenas uno de ellos logra encaramarse para alcanzar el borde del balde alguno de los otros lo echa abajo, mismo que a su vez intenta salir trepándose sobre el abatido, pero no lo logra ya que otro se lo impide. Y así no hay necesidad de tapa pues todo el día pasan en el fondo del balde.”
Moraleja: El futuro de nuestra comunidad hispano-hablante dependerá del grado de cooperación y colaboración de cada uno de nosotros.
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